miércoles, 22 de julio de 2015

Salir de fiesta en grandes ciudades, y otras formas de volver a la Prehistoria.

Hoy os traigo una pequeña reflexión que me ha surgido tras pasar unos días en Madrid. Si en el blog hablamos de la igualdad, y os menciono la palabra clave discoteca, sabréis a qué me refiero...

Vivimos en un mundo en el que muchos y muchas dicen que la igualdad entre hombres y mujeres prácticamente se ha logrado. Bien, no hace falta indagar mucho para descubrir evidentes desigualdades con las que vivimos en nuestro día a día. Una de ellas, de la que quiero hablaros hoy, es la desigualdad que existe en las discotecas.

Me explico. Hoy en día, entrar en discotecas de grandes ciudades como lo es Madrid, no es igual para chicos que para chicas. Mientras que los hombres deben pagar entradas (cuyos precios, a todo esto, son desorbitados), las mujeres pueden entrar gratis o con unos precios mucho más reducidos en un mismo establecimiento y a la misma hora. Podríamos pensar que esto es un "beneficio" para las mujeres, pero recordar que igualdad no se refiere a que la mujer quede por encima del hombre, sino a que las oportunidades para todos sean las mismas independientemente del sexo. 

Dicho esto, en un mismo grupo de personas que desee entrar a una discoteca, los hombres pagarán sus entradas y las mujeres no. Además, no en todas las discotecas se puede entrar de "cualquier forma". Muchas discotecas exigen para entrar unas vestimentas "apropiadas" y elegantes, tanto para hombres y mujeres. Los hombres deben entrar con camisa y zapatos, y las mujeres con tacones y con ropa de fiesta. 

Dicha ropa de fiesta, además, "suma puntos" cuanto más cuerpo se enseñe. Quiero decir, que todas aquellas chicas que quieran ir a una discoteca y entrar gratis, saben que cuanto menos ropa lleven puesta más posibilidades de entrar gratis (o a precios más reducidos) tendrán. 

Pese a lo rudimentario de ese hecho, no sólo debemos tener en cuenta la situación actual. Lo peor de todo es que presumimos de estar en una sociedad que avanza en el tema de la igualdad. Sin embargo, hace unos años las discotecas eran o bien de pago o bien de entrada gratuita tanto para hombres como para mujeres, lo cual nos muestra que en este campo no avanzamos, sino que retrocedemos. Y, lo peor de todo, es que ocurre lo mismo en otros muchos campos.

Por este motivo, me niego, y me negaré a entrar en discotecas de pago. Ya no sólo por el hecho de que si voy con un grupo de amigos y amigas me sentiría fatal entrando gratis por cuando mis amigos pagan sus entradas, sino por el hecho de que me parece una situación tan sumamente prehistórica que no me invita a participar en ella. Cada cual que haga lo que quiera, pero yo, pese a que me siento muy orgullosa de ser mujer, no quiero rebajarme a presumir de ciertas ventajas por el simple hecho de ser mujer y de ir poco vestida. 


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